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Los vecinos de Desamparados disfrutaron en la noche del sábado de una entrañable velada de trovos a cargo de El Patiñero y El Cardoso. En unos tiempos en los que la electrónica se impone, estos hombres dieron toda una exhibición de arte en estado puro con un sencillo acompañamiento de un trío de cuerda. El trovo es poesía contrarreloj. La voz y la imaginación son las únicas herramientas de estos dos juglares del siglo XXI que presentan en cada una de sus actuaciones un torrente inagotable de imaginación y sabiduría popular. Las palabras nacen en su cabeza y se pierden en el aire, tan efímeras como la belleza; sólo los que asisten al recital son capaces de dar el justo sentido a las estrofas.
La generosidad de Pepa Ferrando, concejala de cultura del Excelentísimo Ayuntamiento de Orihuela, fue decisiva para el éxito de la gala. Asimismo, Roberto Aix Egío, vocal de la Comisión de Fiestas, expresa su agradecimiento al empresario Ángel Mayor Nicolás y a los hermanos Arenas Pérez, “sin cuya colaboración no habríamos podido alegrar la noche a nuestro pueblo”.
Antes del comienzo del recital fueron muchos los que se acercaron a saludar a don Manuel Cárceles, todo un símbolo de la cultura murciana y muy querido también en la Vega Baja. Sus últimas apariciones televisivas le han instalado definitivamente en los corazones de todos aquellos que ya le admiraban con anterioridad.
Eran las ocho de la tarde cuando el de Patiño se arrancó con la primera malagueña, a la que respondió inmediatamente su “rival” de Sangonera la Verde, con su habitual simpatía. El intercambio de versos, como si de un combate de boxeo se tratara, dibujaba sonrisas entre el público, que, a pesar del frío, disfrutó con el ingenio de estos dos pesos pesados del arte de trovar.
Las malagueñas dejaron pasado a las guajiras, que hicieron aún más cálido el ambiente. Aprovechando un paréntesis de los músicos, los mayordomos subastaron todos los pañuelos que los parroquianos han colgado en el estandarte de la Virgen durante su periplo por toda la partida rural. En las pujas también participó el edil Ginés Sánchez, en un sano “pique” con algún miembro de la Comisión. Ya que hablamos de autoridades, entre los allí congregados también pudimos ver a Cayetano Joaquín García Baños, pedáneo de Torremendo.
Pero, sin duda alguna, el momento más emotivo de la noche se vivió cuando la Virgen entró al templo y los trovadores le dedicaron allí sus últimos versos. Las caras de emoción eran más que evidentes entre los que aguantaron hasta el final, especialmente José Manuel Juan, porteador del Cuadro, que exteriorizó sus sentimientos con un sonoro y sentido “Viva la Virgen de los Desamparados”, con el que se puso el broche a una velada plena de buenas vibraciones.
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