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Alteraciones estivales (Juan Manuel de Prada). (1 viewing)
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TOPIC: Alteraciones estivales (Juan Manuel de Prada).

#5673
CERVANTES (User)
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Alteraciones estivales (Juan Manuel de Prada). 2007/07/10 10:57 Karma: -1  
Alguien debiera preocuparse de analizar las alteraciones psicosomáticas que el verano introduce en nuestra conducta. Quizá porque el calor derrite los sesos, quizá porque la expectativa del esparcimiento estimula nuestras propensiones más gilipollescas, quizá porque las temperaturas estivales desperezan algún atavismo dormido que nos retrotrae a estadios previos de la evolución, el caso es que en verano entran ganas de dimitir del género humano. Basta contemplar esas reatas de automóviles entrampados en cualquier carretera, mientras en su interior se recuecen sus ocupantes, prisioneros de falsas ilusiones que suelen degenerar en pesadilla, para repudiar el verano. El éxito del automóvil ha consistido en infundir en la gente la idea desquiciada de que su adquisición le proporcionaría una más plena libertad de movimientos; pero, así que llegan las vacaciones, los veraneantes parecen confabularse para viajar todos al mismo lugar y a la misma hora, desmintiendo la utilidad primigenia de su cacharro. Ante tal estampa de obcecada unanimidad, uno no puede dejar de conceder la razón a quienes postulan nuestro parentesco genético con las ratas, pues sólo el flautista de Hamelin lograría convocar tanto gregarismo simultáneo.

¿Y qué decir de las canciones que, por elección popular, se convierten en estribillos del verano? Ciertamente, los gustos musicales de los españoles durante el resto del año dejan mucho que desear; pero durante los meses de canícula parecen directamente inspirados por la resaca de una borrachera de anisete. Se dice que las canciones estivales deben ser refrescantes, livianas, optimistas, pegadizas y si se quiere un poco gamberras. Pero lo cierto es que ninguno de estos epítetos se adecua a esas tonadas simplotas y denodadamente horteras que cada año se tararean en los chiringuitos de playa y se bailan con desparpajo (es habitual que tales canciones incorporen una coreografía peculiar, para colectivizar el sentimiento del ridículo) en las discotecas. ¿A través de qué insondable proceso degenerativo pueden una honesta madre de familia, un probo funcionario o un jubilado circunspecto convertirse en cantamañanas profesionales que silbotean tales patochadas sin rebozo alguno, mientras menean su maltrecho esqueleto?

Otra prueba incontrovertible de las alteraciones psicosomáticas que el verano acarrea se muestra en la elección del vestuario. ¿Cómo se puede explicar ese repentino rapto de chabacanería e impudicia que acomete a los españoles, tan pronto como olfatean la proximidad de las vacaciones? No se trata tan sólo de que los sofocos estivales estimulen una natural frugalidad en el atuendo; a fin de cuentas, la desnudez quizá sea el único traje honorable del hombre, pues nos recuerda una edad dorada en la que aún no habíamos extraviado la inocencia. Pero la chabacanería y la impudicia a las que me refería no se miden tanto por la superficie corporal expuesta como por las bochornosas elecciones indumentarias: esas señoras que se estrangulan las mollas de la tripa con un top reventón, esos señores que exhiben sin pudor la pelambre de las pantorrillas, para mayor inri entecas y paliduchas, ¿dónde habrán extraviado la vergüenza? ¿Y cómo calificaremos esas sandalias y chanclas piscineras que la gente calza, aunque tenga los dedos desiguales, los talones renegridos, las uñas astilladas o, en general, unos pies condecorados de juanetes y callosidades que más bien parecen arrecifes de percebes? ¿Y esas riñoneras que el señor barrigón ostenta en su cintura, a ser posible luciendo también una camiseta bien apretada que le marque hasta el ombligo, hondo e intimidatorio como el desagüe de un lavabo? ¿Qué extraña perturbación introduce el verano en nuestra actividad hormonal, para que personas que han vestido con decoro durante los demás meses del año pierdan súbitamente la vergüenza, y aun cualquier atisbo de orgullo, para convertirse en horteras satisfechos y complacientes?

Sospecho que este verano no me moveré de casa, para evitar sucumbir al gregarismo estival. Alguien dijo que Madrid, en verano, Baden-Baden.
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